La capital
Ilusión y ganas inundaban mi cuerpo tras el traslado a la capital, pasaba un nuevo tren cargado de oportunidades y yo estaba dispuesta a subirme.
Tras unos meses aquí encontré el aparcamiento.
El aparcamiento es ese lugar que te hace bajar el volumen de la radio con el que voy a cien por hora y a todo ostia por la M50 cada día, es aquel por el que paras tu estrés diario para poner el doscientos por mil de tus facultades y concentración en meter tu mayúsculo coche en ese casi inexistente espacio de la vía, son esos importantes lugares que te hacen parar, poner el intermitente en la dirección correcta y buscar la majestuosa maniobra que te llevará a la cumbre del pilotaje.
En definitiva, el aparcamiento es salvación de muchos y consuelo de unos pocos , pero para los que es brazo de rescate, hemos de agradecerlo una vez llegado a tierra firme.
Y es ahora justo, cuando estoy rozando con la yema de mis dedos cada uno de los vértices de la ansiada profesión que me ha traído hasta aquí, cuando me doy cuenta de la suerte de encontrar lugares para aparcar, y quien dice lugares dice personas u oportunidades.


